Jorge A. Alcaraz G.
Fundamentos para un análisis
La sociedad paraguaya está pasando por un proceso bastante peculiar de adecuación y autorreflexión en donde se pueden distinguir discusiones altamente interesantes, pues se empieza a calibrar verdaderamente los sectores democráticos que desde años siguen aún sin poder emprenderse. Es un proceso de interiorización social muy particular y fructífero, ya que permite entablar procesos acerca de la identidad y la misión real que tenemos que seguir como ciudadanos. Pero es importante insistir en que este proceso debe de ser aún madurado desde todos sus puntos de vista.
Debemos ser conscientes de que está en nuestras manos la oportunidad histórica de construir un país desarrollado. Logrando así lo que desde antaño fue el ideal de una infinidad de paraguayos, “Un grado de bienestar general para todos” debido a que es indudable nuestro potencial como país conociendo los inmensos recursos que poseemos.
A pesar de que existen tan divergentes posturas de hacia donde debemos caminar como sociedad, con que velocidad y con qué método, la cuestión pasa por encontrar un foco de hacia donde dirigirnos todos, o casi todos. Que verdaderamente funcione para reorganizar el país en sus bases políticas, económicas, educativas, culturales, entre otras.
Es normal ver ideas, planes, proyectos y opiniones que nos resulten agradables y sustentables en forma relativa para las diversas problemáticas que poseemos como nación. Pero con sentido crítico nos preguntamos ¿Convergen todas la ideas para un proyecto único? ¿Una no anula a la otra? ¿Son sustentables a lo largo del tiempo? ¿Resulta imparcial u objetiva todas?
Debemos de entender también por otro lado de que no existe una verdadera nación sin orden ni organización. No existe orden ni organización en toda temática social sin verdaderos líderes que puedan conducir o canalizar satisfactoriamente todas las situaciones en que los compete actuar y que generalmente se presentan conflictivas. Y una verdadera nación no se construye con líderes parcialistas o solo populares como históricamente ha ocurrido en toda Latinoamérica, si no con un liderazgo fuerte, fundamentado en un sólido planteamiento integral adecuado a las necesidades contextualizadas del ambiente y del momento.
Los planes de acción a ser desarrollados para resolver las crisis políticas, económicas y culturales de una sociedad como la nuestra deberán ser diseñados desde las más variadas visiones posibles, con un profundo sentido objetivo, técnico-científico y porque no idealista, adecuado a las diversas particularidades. Esta es la receta que han utilizado los países más desarrollados, entre ellos los nórdicos y que hoy en día constituyen un digno ejemplo de desarrollo y bienestar.
Una de las propuestas para una verdadera estructuración debe nacer desde el campo de la filosofía y debe servir como agente de concienciación practica y efectiva, basada principalmente en factores como la educación, la cultura y la comunicación, buscando incondicionalmente un camino adecuado hacia una cohesión de metas relativamente puntual. Y fundamentalmente, creando una filosofía de gobierno capaz de aglutinar a todos hacia una misma visión y sobre un mismo camino.
Nuestra sociedad y el hombre de hoy.
Evidentemente una de las grandes causas del porqué estamos tan mal con relación a otros países es el factor cultural. Debemos de admitir que nuestra sociedad se encuentra inmersa y dominada a una economía altamente capitalista. La cultura basada en la necesidad de consumo y de competencia es la que rige los estándares de vida y organización social. Situación que conlleva a la alienación cultural de las personas. Dando pie así a un solo tipo de pensamiento, claramente maleable por la economía del mercado. Ortega y Gasset llamaba a esta realidad de hombres tan fácilmente maleables “hombres masas”.
En este sentido Enrique Rojas en su libro El Hombre Light desarrolla las más distintas características que un individuo va adquiriendo a lo largo de su vida dentro esta forma de culturización, dándola a entender que un hombre situado en este ambiente se cataloga como un sujeto trivial, ligero, frívolo y carente de criterios sólidos. Interpretando su realidad como etéreo, leve, banal, en un contexto permisivo. Demostrando así el vacío que se encuentra en él, un vacío moral.
Siendo sinceros, realizando un simple análisis comparativo podemos darle una total razón. Además, explica también que este nuevo tipo de hombre que se va generando día a día en nuestras sociedades sufre cambios muy rápidos que lo desconciertan y se presentan ante los ojos del mundo con los siguientes aspectos característicos que valen la pena ser puntualizados:
Materialismo: cierto reconocimiento social por ganar mucho dinero.
Hedonismo: pasarlo bien a costa de lo que sea, muerte de los ideales, el vacío de sentido y la búsqueda de una serie de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes.
Permisividad: arrasa los mejores propósitos e ideales.
Revolución sin finalidad y sin programa: la ética permisiva sustituye a la moral.
Relativismo: cae en la absolutización de lo relativo, brotan así unas reglas presididas por la subjetividad.
Consumismo: formula postmoderna de la libertad.
El pensador norteamericano Noan Chomsky también afirma esta tesis de alienación cultural llamándola de alienación de las masas, y destaca la hábil invisibilidad de la manipulación del pensamiento de los individuos desde los grandes medios de comunicación, todo esto ideado por un pequeño pero muy bien acomodado sector económico. Esta situación en un mundo globalizado va adquiriendo mayor impulso, debido a que las grandes corporaciones prácticamente monopolizan el ambiente comunicacional. Obteniendo de esta manera un control total sobre el pensamiento de las sociedades, es decir de los hombres.
Cabe a nosotros detectar estas irregularidades tan dañinas para cualquier ser humano y proponer alternativas desde el campo de la filosofía. La educación normal sería una de las herramientas más viables por este lado debido a su gran potencial de alcance poblacional. En este sentido también, las estrategias deberán ser aplicadas desde una didáctica efectiva, utilizando los nuevos métodos educacionales disponibles, acordes a nuestros tiempos y a nuestro entorno.
La Filosofía
¿Quienes somos? ¿A donde vamos? Son algunas de las tantas interrogantes que la filosofía se propone responder desde su sentido más intrínseco. Y quizás desde estas premisas relativamente utópicas hacer caminar la humanidad hacia una divertida búsqueda de verdades.
“No existimos para filosofar, más filosofamos para existir” decía Kierkegaard fundamentando la importancia de la filosofía, dando total énfasis a la necesidad instintiva de pensar para el ser humano a modo de subsistencia en un mundo en donde la vida se encuentra en un constante juego peligroso.
Cabe destacar que los progresos que el mundo ha adquirido hasta los días de hoy en los campos de la ciencia y su tecnologización tienen profundos sustentos filosóficos. Pero la interrogante es ¿Que tipo de filosofía utilizar con tanta deshumanización en este modelo de sociedad heredada desde la revolución industrial con el auge del pragmatismo y el neopositivismo?
Y es aquí de nuevo que en donde entra a tallar comprometedoramente el papel del filósofo y una de las sugerencias más viables sería la instalación de un modelo de pensar, verdaderamente crítico.
El Pensamiento Crítico
Pensar es una actividad humana prácticamente inconciente pero válida e indispensables para el día a día de cualquier individuo. Ahora bien, ¿De qué manera pensamos o de que manera pensar?
Un pensamiento verdaderamente efectivo está compuesta desde su interior con herramientas indispensables como: la observación, la apreciación, la interpretación, dando como resultado una acción que a priori generará una reacción. Es decir, la filosofía generalmente apuesta a este método para lograr llegar a un nivel deseado a los ideales humanos.
Traer a discusión en base a la reflexión, al análisis, a la pesquisa y a la ciencia elementos o acciones que contengan intereses reales, claramente indicará una sana revolución hacia nuevos paradigmas con tendencias progresistas.
René Descartes en el siglo XVII indicaba a la duda como elemento metodológico dentro del proceso del pensamiento. Según él, la duda era la manera más factible para llegar a la verdad. Y evidentemente, fue sobre esta base filosófica que la humanidad y todo su caudal intelectual pudo desprenderse de las garras del oscurantismo mediocre que tanto entorpeció el desarrollo del conocimiento en esos siglos.
Hoy más que nunca los efectos de esta apertura principalmente intelectual llega a nosotros con un inmenso caudal de ideas, con un gran dote histórico, con nuevas teorías y trayendo consigo innúmeros beneficios para todas las ramas del saber humano. Pero es importante aclarar a la vez, que en las sociedades menos desarrolladas estas herencias fueron dejando a los individuos confusos debido a su cantidad y variedad, imponiéndose de esta manera en las sociedades pensamientos ambiguos y contradictorios, que más que nunca desorientan en el momento de intentar crear una especie de cohesión social para una cierta causa.
Esta situación negativa en donde los pensamientos se contradicen, se confunden y se distorsionan entre sí, se refleja claramente en nuestra sociedad y está a la vista de todos.
Como otro punto, es bueno decir y resaltar que nuestra sociedad se encuentra atomizada en distintos sectores y grupos, es compresible y necesario, es parte de nuestra propia naturaleza. Al final, no todos somos iguales y de nuestras particularidades surgen todo tipo de soluciones para enfrentar las distintas problemáticas de la cotidianeidad.
Pero en realidad, si queremos verdaderamente estar sobre el sendero que nos guíe hacia el desarrollo y el progreso debemos de coincidir en ciertas cuestiones, converger las ideas desde una decidida apuesta filosófica, en donde el pensamiento deberá estar basado sobre los criterios de una metodología crítica, sustentada única y exclusivamente en el principio de la verdad.
El sincero análisis crítico de las realidades de una sociedad deberá nacer de los propios individuos que lo conforman, y por este medio radicar en ella una especie de autenticidad abarcante totalmente legitimizada en sí propia. En este sentido juega un papel primordial el nivel de conciencia desarrollado por los mismos individuos que la integran y en ello su nivel educacional, que no solo deberá estar dotado de elementos científicos, si no mas bien filosóficos, resaltando lo ético, lo moral y lo transcendental.
Es decir, crear en nuestra sociedad actual una educación integral encaminada hacia una finalidad compuesta de parámetros analizados desde la mayor objetividad posible generará intrínsecamente pensamientos críticos y cambios verdaderamente efectivos, que podrán dar la posibilidad de un real proceso de estructuración mental factible para los pensamientos críticos-racionales y que serán imprescindibles para el bienestar para todos.
Cohesión Social
Hablar de un pensar crítico es mas bien hablar de un pensar elevadamente coherente con la propia verdad, fundamentada en criterios justos y auténticos. Subrayando la importancia de aprender a pensar así y ante todo, aprender a aprender desde esta filosofía.
Automáticamente una educación capaz de despertar en sus educandos sentidos críticos representará un gigantesco progreso, pues generar una conciencia basada en estos principios evitará una alienación cultural que como sabemos y explicamos tanto mal ha hecho y continua haciendo a varias sociedades, principalmente las tercermundistas y entre ellas claramente la nuestra.
La búsqueda de ideales claros, de nuevas propuestas y de soluciones factibles se pueden facilitar enormemente si nos fundamentamos en esta nueva manera de pensar y actuar, y lo que es más importante aún: Podremos decididamente UNIRNOS de una vez por todas como sociedad y así llegar a nuestras grandes y ansiadas metas.
viernes, 16 de octubre de 2009
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