Por Jhoel David Esquivel
Puede parecer fuera de lugar, y poco acomodado, pretender hacer un discurso sobre la política y su disonancia actual, sin antes echar una mirada en torno a su vasto contenido universal.
Obviamente el largo derrotero de la política hasta nuestros días ha respondido a una serie de transformaciones y evoluciones tanto a nivel conceptual como práctica a la vez. Sin embargo, esquivando la puntualización historicista, y encarando a la política desde su aparente presencia, presentada como dato constituido de significaciones pre-articuladas, me propongo a desarrollar algunas complejidades que escatiman el enlace teórico y práctico de nuestra comprensión acerca de la misma.
Mi propósito principal consiste en contraponer la articulación de la política actual, y su pre-comprensión en el conocimiento social paraguayo (sobre ello hablaré más adelante), como dato teórico- práctico preformado.
Comencemos considerando a la política como “una actividad que se desarrolla en una esfera especifica” (1), es decir como una entidad convencional-significativa, propia del quehacer del hombre como red necesaria de conjunción social.
De acuerdo a lo que arguye B. Arditi (2), “En el futuro pasado de la esfera política” Dicha consideración responde al giro inscripto a partir del siglo XVII en adelante, con la introyección de un nuevo modo de pensamiento, que a partir de entonces comienza a alejarse paulatinamente de la concepción teológica de la idea de orden instituida; hacia un orden de construcción; desarrollada por la voluntad de los hombres y no por la voluntad divina.
Sin lugar a duda, este desprendimiento, desplaza la presencia de la política, hacia otro terreno modificando gradualmente la manera de pensar sobre la política –abriendo por ende hasta nuestros días un inmenso espacio por venir – que con palabras de Arditi podríamos resumir alegando que “la frontera política se ha ido moviendo continuamente a lo largo de un arco migratorio a medida en que la política coloniza nuevos territorios gobernado por la contingencia y no por un telos de la historia, transformando su propia forma o puesta en escena que pone de relieve un cierto vector de movimiento de la misma” (3).
No obstante ello, al hablar análogamente de la política como una “actividad puramente esencial de los hombres” (4), como constructo; se infiere que la misma no necesita de otras formas de actividades para existir, tales como las instituciones u otros fenómenos. En las más, estas instancias políticas despliegan denotaciones que tienden a confundir la enunciación de la política en el sentido común de la sociedad – quienes desde esa perspectiva lo ven nada más como un campo cerrado, como algo ajeno a la comunidad, como algo que surge; se nos da y presenta como tradición y prejuicio – .
Podemos ver que dicho desplazamiento constante de la política, responde hasta aquí a un sentido contingencial, enmarcándose así, como un fenómeno impredecible, ‘en el cual múltiples voces hablan de la misma, desde distintos lugares’, ya sean estas partidos políticos, movimientos organizados, entre otras, quienes desde luego persiguen alguna finalidad común sectariamente hablando.
Volvamos al punto de inferencia. Para aclarar más tal punto. El perfil de la política resuena allí ambigüamente, al insinuar la inexistencia de las instituciones y otros fenómenos. Pero creo que. El planteo que se pretexta con ello, no pretende obviar dichas adjetivaciones, sino más bien, lo que se aduce con las mismas, deja sentada la base que aproxima la necesidad de pensar la política en torno a ellas, puesto que se nos aparece como subsistemas de la política(como constructos dimanantes de una actividad humana con fines. En otras palabras: son instancias ultimas que suministran el campo de contención de una forma de política instituida, que trata de equilibrar y coordinar a través de ellas las relaciones que afectan al conjunto).
Pues bien, al arribo, la política se nos presenta como un hacer de los hombres en torno a los mismos hombres de manera convencional y contingente, dada la articulación cultural de cada cuerpo social.
De acuerdo a la distinción de J.Cardozo.(5) la cultura “es un modo de ser, una manera de hacer y una manera de pensar”. A mi entender, lo que Cardozo trata de argüir con tal distinción nos posibilita a pensar por la cultura en su sentido mas amplio: como el núcleo que viene a significar la relación viva de alguien que es en algo, en el sentido de habitar en el, compartiendo y relacionándose significativamente con los otros (un entendimiento mutuo y reciproco, “en donde se forman las ideologías y se producen los conocimientos” (6)).
En este entramado, conviene observar que la dimensión de la cultura así concebida, establece el posible inicial uso y comprensión de lo que es la política, como constitutivo a partir del cual se lo debe pensar, debido a que inevitablemente su significación ya se halla pre-articulada.
Teniendo en cuenta tal posible como premisa, se puede argüir que en la mayor parte del conocimiento de las personas habita una noción de política (ya sea esta bien trabajada o de forma chapucera) Pero... ¿de qué manera se ha instalado en nuestro pensamiento la noción de política?
¿Qué entendemos intersubjetivamente por ella?
Es sabido que tratándose de puntos históricos, nuestra genealogía política se halla torsionada desde distintos ángulos. Por un lado, comienza con los movimientos independistas incursionados en la región (A.Latina), en donde individualidades influidas fuertemente por los ideales de la Ilustración, procedieron a instalar ‘los nuevos valores y prácticas a seguir’.
En cambio desde otra perspectiva habría que analizar los distintos modos en que el sentido de la política fue definiéndose y redefiniéndose para cada nación de nuestro continente.
Ahora bien, haciendo alusión al titulo de este discurso. Tratemos de componer las controversias que ciñen nuestra comprensión acerca de la política. En mi opinión. Si logramos poner entre paréntesis las tan habladas discusiones que ponen en duda al gobierno de Francia, como uno de los mejores, y echamos una mirada sospechosa hacia su impartición política social como instituyente de algunas categorías que gradualmente fueron modificando la estructura social del país, caeríamos en situaciones embarazosas.
Porque digo esto… pues, digo así; porque resulta claro que lo que perdura hasta hoy en el imaginario colectivo de nuestra nación es la que generacionalmente venimos articulando involuntariamente, sin poder todavía pisar el terreno de la política de manera comprensiva (donde exista un arreglo común entre las individualidades).
Con esto discurridamente digo que nuestra organización social carece de una formación racional, cuando las peripecias obligan a decidir y pensar rápidamente en pos de la colectividad.
En suma, lo expuesto hasta aquí (como pretexté al inicio de este discurso) tan solo hace alusión a algunas aseveraciones, y lecturas desordenadas, que tal vez futuramente perfilen y alineen algunas discusiones posteriores. Pero hasta el momento podemos ver, aunque sea esta de forma indirecta: que en el depósito de nuestra cultura preformada aún perduran nociones trasferidas generacionalmente y no construidas a partir del ahora. Las trabas se hallan ancladas en nuestras creencias que en las más determinan nuestra manera de actuar, dado que en ellas se articulan una serie de datos disponibles que configuran nuestro pensamiento a cerca de lo que es algo.
En definitiva, el problema- a mi juicio estriba –en una total falta de formación social-política, que alega entretanto, la necesidad aún punzante de asimilación teórico-práctico y emancipativa a la vez, mostrándonos la presencia espectral de política en nuestro conocimiento social – .
Notas
*El presente discurso se presenta como un estudio previo, alternativo, que tiene como base implícita una serie de lecturas, que hacen alusión al tema propuesto. Como bien diría el mismo discurso no pretende imponer ninguna postura aseverada de la cuestión tomada, sino más bien lo que se pretexta con ella: es tratar de posibilitar algunas alineaciones teóricas -discursivas futuras, en torno a la comprensión de la política en la cultura paraguaya, a fin caracterizarlo posteriormente.
1 Arditi, Benjamín (2005), “el devenir-otro de la política: un archipiélago post-liberal”, pág. 6 en Benjamín Arditi (ed.), democracia pos-liberal? El espacio político de las asociaciones, Barcelona Anthropos, pp. 219-248.
2 ibidem
3 ibidem, pág. 5
4 Menaut, Antonio (2008), “doce tesis sobre la política” UNAM, México, Pág. 6, pp.36
5 Definición extraída de la conferencia dictada por el prof. Juan Andrés Cardazo, acerca del tema “Política y conocimiento en la cultura paraguaya”, fechada el 6 de mayo del 2009, en el marco del proyecto “Generando una filosofía comprometida con todos” en la facultad de filosofía (UNE).
6 Bobbio, Norberto “la duda y la elección, intelectuales y el poder en la sociedad contemporánea” 1ed, 1998, B.A: paidos, pag. 70
viernes, 16 de octubre de 2009
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